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Lunes, 07 Diciembre 2015 08:56

Fecha de héroes

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El 7 de diciembre, el patriotismo y el internacionalismo, se han unido para siempre en la historia de Cuba

En la víspera, desde tempranas horas, compactas muchedumbres se alinearon disciplinadamente en los locales habilitados en los 169 municipios del país. Luego familias enteras, con sus niños de la mano, desfilaron silenciosos y con los rostros tensos ante los féretros y osarios de los héroes caídos en misiones internacionalistas que regresaban a la Patria.

A un reportero de Granma le lla­mó la atención un joven uniformado que se apartaba de la fila y sentado en un quicio trataba de contener las lágrimas. En su pecho, medallas al valor denunciaban su condición de combatiente en otras partes del mundo. “Los restos de mi padre es­tán allí” confesó al periodista. “Fue combatiente del Ejército Rebel­de, cayó a principios del ’76 en el sur de Angola… No, yo fui mucho después, en el ‘87”.
 
SAN PEDRO. LA CATÁSTROFE Y LA HAZAÑA

El 7 de diciembre de 1896, el ge­neral Antonio Maceo, al frente de una pequeña tropa, avanzó hasta la cerca de piedras que enmarcaba los límites de la finca Montiel y el potrero Bobadilla, en el barrio rural de San Pedro, a unos  siete kilómetros al sudoeste de Punta Brava. Una alambrada le impedía cargar contra las posiciones españolas. Varios ji­netes se desmontaron y con sus ma­chetes comenzaron a cortarla. “Esto va bien”, dijo el Titán. Una bala le penetró por el maxilar derecho, se lo fracturó en tres pedazos, y le seccionó la carótida.

En el campamento mambí reinaban la confusión y el caos. Un grupo de mambises llegó al pabellón de Maceo, indagando noticias. Por sus mentes pasó la imagen de la deshonra, del deshonor militar, la vergüenza de consentir que el cuerpo de su querido general cayera en poder del enemigo (aún descono­cían la muerte de Panchito Gómez Toro). El coronel Juan Delgado, vi­brante de ira, dijo que antes que permitirlo, prefería morir ante el enemigo. Y levantando en alto su machete, gritó: “El que sea cubano, el que tenga vergüenza, que me siga”.

Al conjuro de esa arenga, 19 hombres, desafiando las balas, partieron a cumplir su más impor­tante misión. Y la cumplieron cabal­mente.


OPERACIÓN TRIBUTO

Hasta la madrugada del jueves 7 de diciembre de 1989, ante la afluencia de público, los locales donde se expusieron los restos de los héroes permanecieron abiertos. Más de un millón de capitalinos asistieron a las exequias o integraron el cordón hu­mano a ambos lados de las avenidas de los 15 municipios por donde circularon los cortejos fúnebres.

No solo en La Habana hubo un apoyo masivo a la Operación Tribu­to. Un mar de pueblo, enternecido y orgulloso, contempló el paso de los féretros en Santiago de Cuba, Baya­mo, Camagüey, Guantánamo, Ma­tan­zas, Cienfuegos y Pinar del Río. En Ciego de Ávila, Isla de la Ju­ven­tud y Santa Clara desafió la lluvia. En Holguín y Las Tunas más de 150 000 com­patriotas acompañaron a los héroes en marcha disciplinada has­ta la necrópolis. En Sancti Spíritus el pueblo los escoltó a lo largo de más de dos kilómetros, desde la escuela Serafín Sánchez.
 
FRANK

Nació el 7 de diciembre de 1934 y soñaba con ser maestro. De no ha­berlo necesitado la Patria, nada le hubiera hecho dejar su aula y sus alumnos. Al enterarse del golpe de Es­tado perpetrado por Fulgencio Batis­ta, el 10 de marzo de 1952, se dirigió al cuartel Moncada en busca de armas para enfrentar la asonada. Ante la actitud vacilante del jefe de la fortaleza, se empinó en sus 17 años para afirmar: “Si los que tienen las armas no quieren dar el paso al frente, nosotros los jóvenes sí estamos dispuestos, dennos las armas, que vamos a hacer una invasión a Occidente como Ma­ceo”. Pero el jefe de la fortaleza prefirió capitular ante los golpistas.

Frank nunca capituló ante la tiranía. Designado Jefe de Acción del Movimiento 26 de Julio en Oriente, preparó y dirigió el alzamiento insurreccional del 30 de noviembre de 1956, apoyó con armas y hombres al naciente Ejército Rebelde. Para esta última tarea contó con valiosos colaboradores, como Celia Sánchez (Norma). “En cuanto a la Sierra —le escribieron Fidel y sus compañeros de la guerrilla en julio de 1957—, cuando se escriba la historia de esta etapa revolucionaria, en la portada tendrán que aparecer dos nombres: David (Frank País) y Norma”.

 
DOS HERMOSOS VALORES

En la despedida de duelo en El Cacahual, Fidel explicó al pueblo que al escoger esa fecha “para dar sepultura a los restos de nuestros heroicos combatientes internacionalistas caídos en diversas partes del mundo, fundamentalmente en África, de donde vinieron los antepasados de Maceo y una parte sustancial de nuestra sangre, el 7 de diciembre se convertirá en día de recordación para todos los cubanos que dieron su vida no solo en de­fensa de su patria, sino también de la humanidad. De este modo, el patriotismo y el internacionalismo, dos de los más hermosos valores que ha sido capaz de crear el hombre, se unirán para siempre en la historia de Cuba”.

Tomado de Granma

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