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Miércoles, 23 Marzo 2011 13:30

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La Cujae: un espacio privilegiado, donde saber y deleite artístico van de la mano.

La Cujae, es ejemplo de un campus universitario de nuevo tipo, que contrasta con los códigos de construcción utilizados en cualquier otra Casa de Altos Estudios de Cuba, y por supuesto, muy diferenciado de la bicentenaria y conocida Universidad de la Habana.

Su arquitectura, reflejo de las tendencias modernas, hace énfasis en los juegos de volúmenes y en la expresividad de los mismos. Conecta las diferentes edificaciones con amplios pasillos, creando áreas peatonales altamente cualificadas con la incorporación de diferentes murales, esculturas y fuentes, creadas por relevantes figuras de la plástica cubana.

Una de las cosas más interesantes, resultó el extraordinario respeto por el entorno natural, al que los edificios se integran sin violencia. Diferentes plazas van marcando el recorrido y acentuando visuales, ya sea por inmensas verticales verdes o pequeños grupos de arbustivas. Cada una de las plazas es una unidad en sí misma y al mismo tiempo diferente a las otras, con lo cual los espacios públicos multiplican su riqueza y la estética  diaria, de la labor de esta comunidad universitaria.

Arte en la comunidad

En la Cujae ha fructificado ese intento de hacer que el arte y la belleza encuentren su espacio, incluso en los sitios menos pensados, donde se incorporan obras artísticas, que se integran armoniosamente con su imagen académica. La idea fue concebida cuando, en 1987, se elige a este Instituto como sede de un Taller gigante de Artes Plásticas, realizado con las obras ganadoras del concurso Arte en la Carretera, y que tenía como objetivo principal, darle una mejor ambientación a una de las principales arterias de la ciudad, conocida como Vía Blanca (a todo lo largo de esa autopista hasta Varadero). Al concluir el encuentro, es cuando el entonces ministro de Cultura, Armando Hart Dávalos, hace un llamado a los prestigiosos participantes para que extiendan la experiencia y propone de inmediato  que esta Universidad se convierta en ejemplo de referencia,  llamándole  al nuevo proyecto,  Arte en la comunidad.

De inmediato comenzaron las acciones. Se convocó un certamen y de los 10 trabajos premiados se ejecutaron 5 que se sumaron a los ya existentes como los murales de la diseñadora Teresita Pedraza Lloreno, la escultura cinética de Alexander Calde y la obra de Carlos Trillo, entre otros, todos actualmente patrimonio de esta Universidad , los que seguramente seguirán sirviendo de  trigo  para futuras creaciones.

 

-Guardacantones de cerámica, de Agustín Villafaña, un  pintor, grabador, ceramista y dibujante que ha tenido entre sus más prominentes alumnos a Alexis Leyva (Kcho), Javier Guerra y Reinerio Tamayo. Como costumbrista se ligó a lo cotidiano, pero hay un momento en que la preocupación esencial son los instrumentos del hombre, los cuales ha humanizado.

 

-Mural de Raúl Martínez: el mismo autor que realizó un mural con cemento y lozas italianas para el Teatro Nacional, en la Plaza de la Revolución. Trabajó la fotografía, el diseño de cubiertas e interiores para libros. Los rostros de José Martí (1966) y de Ernesto Che Guevara (1968) se multiplicaron en dos lienzos muy conocidos y reproducidos. Su obra ha ayudado, como pocas, a conformar una “imagen visual” típicamente nacional -que es la mejor manera de ganar lo internacional-, representativa de la vida.

 

-“El rayo”, Escultura en metal, de Antonio Díaz Peláez, quien se caracterizó por romper con las corrientes tradicionales de la plástica cubana de su época y llevar una nueva mirada, inspirada fundamentalmente en la corriente del abstraccionismo.

 

-Gráfica de casetones, de Antonio Mariano Souto (Niko), un plástico que defendió la gráfica como proceso de comunicación social; la obra en función de lo colectivo.

 

-Escultura cerámica, del Grupo Terracota IV, que constituyeron cuatro formas de hacer distintas, unidas por la experimentación, ciertos códigos y una proyección de colectivo.

 

-Escultura cinética de Alexander Calde, Escultor y pintor estadounidense, a lo largo de su carrera, el potencial cinético del arte fue su interés prioritario. Empleando el lenguaje de la abstracción, capturó el movimiento en una serie de estructuras que ofrecían alternativas radicales a las nociones existentes sobre escultura y que tuvieron un profundo impacto en la historia del arte del siglo XX.  El deseo de Calder de crear un tipo de arte que evocara la vida generó en él una preocupación constante por la fuerza de la gravedad, la circulación del aire y la intervención del azar.

 

- Obra de Carlos Trillo, plástico cubano, con marcado interés en el estudio de la pintura matérica. Sus obras se encuentran en importantes instituciones culturales, universidades y forman parte de colecciones públicas y privadas en numerosos países y representaciones diplomáticas y comerciales de Cuba en el extranjero.

 

- José Antonio Echeverría. Mural de Teresita Pedraza Lloreno

 

 

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