SERIE: CUJAE, AMOR EN TIEMPOS DE COVID-19

Entrevista 5: Alejandro López Rodríguez. Mi motivo; ayudar y aportar como estudiante de la Cujae.

18 de noviembre de 2021 Por: Tatiana Martínez Hernández

Ayudar, es una palabra que se repite en todos los diálogos con los estudiantes que participaron en las tareas de apoyo para combatir la COVID-19 en Cuba.

Alejandro López Rodríguez, joven de la Universidad Tecnológica de La Habana “José Antonio Echeverría” (CUJAE) conversa sobre ello en la quinta entrega de la SERIE: CUJAE, AMOR EN TIEMPOS DE COVID-19.

“Me motivó el poder ayudar y aportar como persona y como estudiante de la Cujae, confiesa el estudiante de segundo año de la carrera de Ingeniería Informática.

Como muchos otros se incorpora de forma voluntaria, en algunos casos por llamadas para saber de su disposición, en otras se anticipa y pide participar. Para los que denuestan de nuestra juventud comprometida con su Patria hay historias como estas en las que, si existiera obligación, sería con su voluntad de ayudar.

En la primera tarea fue contactado por la estudiante, coordinadora del municipio Playa, y así fue enrolándose en otras con el fin de aportar. En el caso de los ensayos clínicos de Soberana 01, una amistad le contó y le interesó tanto, al punto de incorporarse a su equipo de trabajo.

Precisamente, acude al Policlínico “5 de septiembre” del municipio Playa, zona en la que anteriormente colaboró en la realización de las pesquisas, organizadas por el Ministerio de Salud Pública (MINSAP) para identificar los casos con síntomas de la pandemia en el barrio.

El estudiante participó en trabajos voluntarios en el campo, uno de ellos, junto a trabajadores del Instituto Finlay de Vacunas, los desarrolladores de las Soberanas (01, 02, y Plus), lo cual le permitió estar cerca de científicos que propiciaron el retorno a la nueva normalidad de toda Cuba.

También, estuvo en otras tareas de la agricultura, trabajo que demanda la atención de autoridades y productores, en aras de contribuir a incrementar las ofertas de alimentos a la población, afectada por los daños de la pandemia y el bloqueo, aplicado con saña, aún en tiempos excepcionales como los vividos estos casi dos años.

Alejandro integró, además, la Mesa Coordinadora Provincial de ingresos por COVID-19 en la dirección provincial de Salud (DPS) en La Habana, la cual se formó con estudiantes de la Cujae y directivos de la Salud, para organizar la demanda de ingresos de casos asociados a la enfermedad, durante el mayor pico epidémico en la capital.

Fue allí donde advirtió de la responsabilidad que asumía. “Me di cuenta que estaba tomando decisiones importantes y que tenía mucha responsabilidad sobre mis hombros”.

Esos jóvenes tenían la misión de gestionar las capacidades de ingresos, según las vacantes, en los hospitales de la provincia dedicados al tratamiento de la pandemia, algo complejo y novedosos para ellos, como estudiantes de carreras de ingeniería y arquitectura.

“En ocasiones no solemos darnos cuenta de la importancia que puede llegar a tener ciertas decisiones o acciones que tomamos o hacemos y las dejamos pasar desapercibidas. Supe que lo que hacía era importante, pero no al punto de comprender toda la totalidad de la obra”, afirma con humildad Alejandro.

Si bien en el policlínico, durante los ensayos clínicos de Soberana 02, fue su etapa de mayor peligro al contagio de la enfermedad, en la DPS vivenció momentos de tristeza al ser testigo de historias de pacientes graves y críticos y del dolor de sus familiares.

Hubo momentos de felicidad, sobre todo cuando la población nos agradecía por el trabajo en la vacunación, la esperanza y confianza que tenían en esas vacunas, nos llenaba de satisfacción. También, ayudar a muchas personas en el Puesto de mando de Salud, ver su gratitud, nos hace mejores seres humanos, confiesa Alejandro.

El futuro ingeniero informático tuvo la oportunidad de participar en un encuentro con el presidente Miguel Díaz-Canel. “Esos encuentros los veo muy importante ya que le permite obtener de primera mano los problemas que presenta el país y en muchas ocasiones el cómo solucionarlos”.

De esos encuentros han surgido proyectos multidisciplinarios para responder a algunos problemas detectados en los centros y en los procesos en que participaron los estudiantes universitarios, no solo de la Cujae.

Alejandro, como casi todos los protagonistas de estas historias, se lleva … “las nuevas amistades que formamos y más que eso la familia que creamos. Muchos de los éxitos que conseguimos fue gracias a que contamos en todo momento con un excelente colectivo de profesionales que nos apoyó…”, reconoce.

Fue también enriquecedor el intercambio con estudiantes de otras universidades que “nos permitió aprender más sobre sus carreras y ampliar nuestros horizontes”, añade.

Para el joven ha sido “una aventura fantástica, la cual me ha permitido aprender de todo y crecerme como ser humano, el conocer términos médicos e ir de la mano con los profesionales de la salud me ha hecho respetar más este campo y su trabajo”.

Y llega la hora de agradecer y pide “en primer lugar a la universidad por permitirnos participar en estas tareas, las cuales tienen un importante y real impacto en la sociedad, el poder comprender y formar parte de un sistema de salud y conocer a muchos de sus bellos profesionales”.

Y agradece también “a mis compañeros y a mi familia por comprender la labor que realizaba y el apoyo que me dieron”.

Al finalizar la entrevista reconoce sentirse orgulloso del trabajo de la juventud cubana en esos días duros que azotaba fuerte la pandemia en Cuba.

Al igual que sus contemporáneos estaría dispuesto a volver a ayudar en cualquier momento que lo necesite la Patria.


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