CUJAE: AMOR EN TIEMPOS DE COVID-19

Entrevista 6 y 7. Olivia y Paula: Gemelas en y por la vida

10 de diciembre de 2021 Por: Tatiana Martínez Hernández

Olivia y Paula Peña Cazanave

Esta es la historia de dos hermanas gemelas, Olivia y Paula, nacidas del amor a las ciencias en general, en particular a las ciencias técnicas. Ellas vivieron rodeadas de libros, planos, visitando laboratorios y compartiendo la pasión de sus padres por la búsqueda del conocimiento, ambos, doctores en ciencias y profesores de la Cujae por más de 20 años.

Sin embargo, la decisión de escoger carreras técnicas para estudiar en la misma universidad de sus progenitores fue un largo proceso de indagación y voluntad individual. A Olivia le gustaba el diseño textil y de mobiliario y Paula se interesaba por la neurociencia y la ingeniería biónica.

Por diversos caminos, ambas, ya desde el Preuniversitario habían apostado por la Arquitectura y la Ingeniería Automática, respectivamente, por tener amplios perfiles para sus intereses iniciales, según las conclusiones a la que arribaron, luego de análisis y consenso.

La noticia de que estaban aprobadas para matricular en la Universidad les llega el 6 de enero de este año, 2021. Desde mucho antes, ellas pensaban en cómo incorporarse a las tareas para apoyar el combate a la COVID-19 y no veían cómo canalizar su deseo.

El formar parte del colectivo de estudiantes de la Universidad Tecnológica de La Habana, les abría el camino para “ser útil de alguna forma, salir de la rutina y, principalmente, ayudar a las personas que tanto lo necesitaban. Estar sin poder hacer nada al respecto de la situación de la COVID me ponía nerviosa y poder incorporarme me gustó”, declara Olivia.

Por su parte, Paula añade que; “desde el primer momento, me pareció que sería una manera útil de ayudar a las personas, de contribuir a la sociedad en un momento en el que, realmente, yo no estaba haciendo nada productivo. Además, sería una forma de estar vinculada a la universidad, incluso si no era en el plano docente”.

Ambas confiesan que fueron sus padres quienes les avisaron de las tareas que estaban llevando a cabo los estudiantes de la Cujae y le piden que las contacte con los organizadores para incorporarse.

Para estas recién estrenadas estudiantes universitarias, su iniciación fue como voluntarias en un centro de aislamiento para pacientes positivos a la COVID-19 (su primera experiencia, directo a Zona Roja), en el Hospital Pediátrico Docente San Miguel del Padrón (La Balear), en marzo de 2021.

“Mi primer sentimiento al entrar allí fue de miedo”, reconoce Olivia. “Estaba nerviosa, estresada, y tenía miedo por la situación en la que me encontraba con tantos casos de personas con COVID, porque, aunque estábamos protegidos (con escafandra, guantes, nasobucos, espejuelos, etcétera) convivíamos todo el tiempo con esas personas…”.

Sin embargo, eso fue solo en los primeros días de adaptación, una vez acostumbrada al lugar y al trabajo, me sentí más motivada y bien conmigo misma, añade Olivia.

Paula, en tanto, no le apena decir que “…llegó a ser agobiante, estresante y hasta hubo veces en que hubiera querido salir de allí”.

“Me mantenía concentrada el saber que estaba contribuyendo a algo importante, que estaba ayudando a otras personas que lo necesitaban. Y tenía a mi hermana, y a mis compañeros, y a las enfermeras y doctoras, que realmente nos ayudaron a sobrepasar el miedo”, confiesa Paula.

Hubo de influir, seguramente, los consejos de su abuela, científica y epidemióloga, quien les había orientado cómo protegerse y convivir con este virus que sigue dando jaque a la ciencia, la economía y la vida de los habitantes de todo el planeta.

Ellas, como la mayoría de los voluntarios, no se reconocen que hayan hecho la gran cosa, “simplemente, nosotros estábamos limpiando, llevando comida, hablando con ellos, y solo por eso, recibíamos el agradecimiento, casi diariamente, de las familias allí”, explica Paula.

Lo cierto es, que la experiencia que deja es imborrable. Hay anécdotas tristes y otras alegres. De esas, que marcaron a las gemelas fue la historia que narra Paula sobre una madre tratando de calmar a su hija, quien lloraba desconsoladamente porque quería ver a su abuela. La madre tampoco tenía consuelo y fue una escena bien triste.

Cada vez que se daba un alta era un día de alegría y júbilo para la familia que se iba y para el colectivo de trabajadores del hospital. Olivia habla del caso de una familia (padres y 2 niñas) que llevaban más de 2 semanas ingresados y salieron súper contentos por la atención de todo el personal. Hasta nos tiramos fotos, añade.

Luego de la experiencia en Zona Roja ambas buscaron otra forma de ayudar. En abril del 2021, Olivia se integra al proyecto de ingeniería hospitalaria que se realiza en el Hospital Clínico Quirúrgico Docente Salvador Allende (la Covadonga) y el Hospital Pediátrico Docente San Miguel del Padrón (La Balear).

“Carlos Pujol, un estudiante de 4to año de arquitectura, fue quien me comenta y propone para unirme a la tarea de los hospitales. Esta tendría un resultado más a largo plazo, pero sabía que de igual forma contribuiría, precisa Olivia.

Esa idea parte de un joven profesor de la Facultad de Civil, quien luego de participar en la rotación en la Covadonga, le propone al presidente Miguel Díaz-Canel un proyecto integral que sirva para eliminar las deficiencias, tanto organizativas como de déficit de mantenimiento, detectadas por los cujaeños allí.

A partir de entonces surgió un proyecto propio de la Cujae, que se llama Ingeniería hospitalaria, en el cual están involucrados estudiantes de todas las carreras. Acerca de este tema, estaremos dando seguimiento en próximas entrevistas.

Paula se enrola desde mayo hasta julio en el llenado de la base de datos para el ensayo clínico de “Soberana 02” y “Soberana Plus”, dos de los proyectos anti-COVID-19 del Instituto Finlay de Vacunas. Fue parte del colectivo de voluntarios de las Soberanas en el municipio Centro Habana.

“Participando en Soberana, realmente sentí mi colaboración, ya que la vacuna tuvo un impacto mucho más inmediato, y difundido, por supuesto”, asiente la joven al reconocer la importancia que ha tenido el desarrollo de vacunas propias para mitigar la pandemia en Cuba y que gracias a ese gigantesco esfuerzo de la ciencia y medicinas cubanas hemos transitado hacia la “nueva normalidad”.

Las hermanas siguen compartiendo sueños unidas por su voluntad de aportar en tiempos de necesidades apremiantes en la nación. A finales de agosto, Olivia se inserta como coordinadora en las Brigadas Juveniles de Trabajo Social (Bjts), en el municipio de Centro Habana.

“Ya en esos momentos mi contacto con la universidad, sus integrantes y representantes era mayor así que eso me permitió vincularme en las demás tareas, siempre con el objetivo de ayudar y saber que mi colaboración serviría para algo, a pesar de lo pequeño que fuera”, añade la futura arquitecta.

La estudiante de Ingeniería Automática la contacta en septiembre, uno de los dirigentes de la FEU a nivel de universidad, y le propone participar en la Bjts y se incorpora junto a su hermana, como segunda coordinadora.

“En las Bjts todo fue un poco diferente. Los ciudadanos que visitábamos nos agradecían el que los escucháramos y estuviéramos dispuestos a ayudarlos como pudiéramos. Además, durante nuestro tiempo auxiliando a los trabajadores sociales, participamos en la entrega de algunos recursos para los vulnerables”, agrega Paula.

Ellas guardan como vivencias muy sensibles las visitas a las casas de personas que viven en “pésimas condiciones y que tienen problemas que pocos se imaginan tener, ... “Eso fue algo muy triste, darme cuenta de las realidades en las que viven y la necesidad de ayuda que tienen”, confiesa con dolor Olivia…………………………..CONTINUARÁ


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