Cinco mentiras sobre las protestas en Cuba

20 de julio de 2021

  1. Las manifestaciones fueron espontáneas.

Es evidente que manifestaciones simultáneas en numerosos lugares de la isla, no pueden ser espontáneas. Tanto la experiencia internacional de hechos similares, como las evidencias ya conocidas sobre los mensajes trasmitidos desde algunos centros externos, evidencian que se trató de una actividad cuidadosamente planificada desde el exterior, con la complicidad de puntos focales internos y una amplia red de contactos que no se prepara en poco tiempo.

  1. Las manifestaciones fueron pacíficas.

No hubo carteles, ni discursos o consignas políticas. Lo más visible fue la presencia de elementos violentos, delincuentes y otros antisociales, armados de palos y piedras, en algunos casos armas blancas, que alteraban el orden, realizaban actos vandálicos, gritaban obscenidades, agredían físicamente a la fuerza pública y a las personas que se manifestaban a favor de la Revolución. Rompieron vidrieras, arrancaron teléfonos, robaron en tiendas, viraron carros, atacaron centros de salud. Eso no es una manifestación pacífica.

  1. La represión policial fue excesiva.

La policía tiene la obligación de reprimir los actos delictivos y lo hizo con bastante moderación, pero no reprimió protestas, reprimió los hechos vandálicos y las agresiones antes mencionadas. Se defendió además de las agresiones de las que fue objeto. Si no lo hubiera hecho, no sé hasta dónde hubieran llegado los acontecimientos. El pueblo revolucionario enfrentó también a los vándalos, con banderas, consignas e invitaciones al diálogo y la reflexión, que en muchos casos fueron respondidas con agresiones físicas. No vimos tropas anti-motines, ni armas largas, ni gases lacrimógenos, ni caballos, ni carros blindados, ni mangueras de agua a presión, ni balas de goma, ni manifestantes apaleados en el piso, como ya es común en otros países.

  1. Las causas son internas.

Las manifestaciones son el resultado público y directo de una acción desestabilizadora externa que ya dura meses y tiene como propósito impedir que Biden modifique la política impuesta por Trump contra Cuba. Si la administración demócrata es parte de este propósito, porque desea incumplir sus promesas electorales, o está siendo presionada contra su voluntad por la derecha anticubana, es algo que aún no está del todo claro. Lo cierto es que esa derecha, especialmente la radicada en Miami, está desesperada por generar acontecimientos que puedan utilizar para sus fines. La resolución contra el Bloqueo aprobada por la Asamblea General de la ONU y el desarrollo exitoso en Cuba de vacunas anti Covid los apuran aún más. Es evidente que las dificultades económicas que afectan a todos los cubanos, agudizadas por el recrudecimiento del bloqueo económico y la pandemia, ambos factores externos, crean circunstancias propicias para que muchas personas insatisfechas con su situación sean manipulables. Son fuente de irritación los recientes apagones, que se suman a las colas, la escasez de alimentos y medicinas, la falta de transporte y otras limitaciones. Sin embargo, esto tiene poco que ver con las deficiencias en la gestión del gobierno, que seguramente tiene mucho que mejorar, y mucho menos con la supuesta falta de democracia. Hay sectores de la población más vulnerables que otros, por las condiciones en que viven, y sectores con menor conciencia de las causas reales de la situación que vivimos. Los acontecimientos demuestran que habrá que mejorar la atención diferenciada a esos sectores.

  1. Las redes sociales y los medios internacionales de prensa son fuentes de información confiables.

Todo lo contrario. En las redes sociales, especialmente en los mensajes de la chusma fascista de Miami, predomina el odio, la incitación a la violencia y la ilusión de estar asistiendo al fin de la Revolución. Hemos sido testigos de falsedades ridículas como “la caída de Camagüey”, de muertos que después hablan por TV, de fotos sobre festejos por la Copa América en Buenos Aires o manifestaciones en Egipto hace más de diez años, como si fueran en La Habana, etc. Ante la necesidad de mostrar manifestantes que se comportaran civilizadamente, utilizaron fotos de los grupos de revolucionarios que enfrentaron las protestas, como si se tratara de opositores. Se ha comprobado el uso de medios automatizados para replicar mensajes y presionar a determinadas personas. La mayoría de los medios repiten hasta el cansancio las mentiras antes mencionadas, para sembrar una matriz de opinión preconcebida.

La escala de las manifestaciones y los actos violentos que se registraron en Cuba es muy pequeña en comparación con hechos similares en la región a los cuales la prensa internacional no les da tanta cobertura. Quizás haya excepciones, pero de lo que he visto no se puede creer prácticamente nada.

Carlos Rodríguez Castellanos.

Doctor en Ciencias Físicas, Profesor Titular y de Mérito de la Universidad de La Habana

Tomado de Ministerio de Educacion Superior


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