Treto: entre la academia y el compromiso social

4 de agosto del 2021

Por Miguel Alfonso Sandelis

Daniel Treto fue un estudiante brillante. Haber obtenido 4.95 como promedio final de la carrera y recibido el título de Oro así lo avalan. El elevado promedio lo combinó con una intensa actividad científica, que lo hicieron merecedor del premio anual al estudiante más destacado que otorga la Sociedad Cubana de Química. También lo justifica el hecho de haber sido presidente de la Comisión Organizadora del IV Encuentro Nacional de Estudiantes de Ingeniería Química y de ser seleccionado como delegado de Cuba ante la Asociación Latinoamericana de Estudiantes de Ingeniería Química (ALEIQ) en octubre del 2020.

Como profesor, su corta pero fructífera vida académica e investigativa va demostrando una coherencia entre el estudiante que fue y el joven profesional que hoy es. Ello se ha evidenciado en el montaje de la asignatura Química-Física en la plataforma Moodle, en ser cotutor de tres trabajos de diploma y en los dos artículos de ciencias sociales que ha escrito con colaboración, propiciándole uno de ellos la participación en el primer Taller sobre la Enseñanza de las Ciencias Básicas. A ello se le suma su participación en una investigación conjunta con LABIOFAM, el hecho de tener ya un tema tentativo para el doctorado y su trabajo en el diseño de un software para modelar procesos rústicos de fermentación en estado sólido, con perspectivas para su uso en la docencia.

En fin, que Treto es un joven talento con palpables resultados académicos e investigativos y con grandes perspectivas como profesional universitario.

Pero en mi vida de estudiante, en mi variada trayectoria laboral y ahora en mis años de profesor universitario, he constatado en más de una ocasión, que no siempre el talento va acompañado del compromiso social. He visto quienes se han alzado con notables logros que tributan al prestigio individual como profesionales, pero son incapaces de responder ante determinadas urgencias de la sociedad que no requieren de la faceta más encumbrada de cada cual, sino de su entrega incondicional, porque en ellas, la mayor recompensa ‒y suele ser la única‒ es la satisfacción de ayudar a quienes más lo necesitan.

La pandemia de la Covid-19 ha provocado una tamaña urgencia de la sociedad, requiriéndose del concurso de los jóvenes para atender variadas y complejas problemáticas. En su enfrentamiento, no es el talento científico o académico la virtud más útil, sino la sensibilidad humana para ayudar a los más necesitados y aportar a la sociedad.

Transcurriendo el mes de abril del año 2020, a la CUJAE llegó como primer reclamo la necesidad de llevarles los alimentos a sus casas a ancianos y otros vulnerables, mediante el Sistema de Atención a la Familia (SAF), para evitar exponerlos al contagio de la enfermedad. En el SAF, no se requerían de Treto los conocimientos que lo condujeron a ser Título de Oro ni a escribir dos artículos científicos con tan corta edad. Se precisaba del también Secretario General del Comité UJC de su facultad el humanismo que lo llevaron, junto a Ezequiel de Automática y Karla de Civil, a preocuparse por la instalación del agua de una anciana que vivía sola, a la cual siempre le pagaban la comida y le fregaban los pozuelos, o a regalarle mangos a otra anciana llamada Ida.

En la Zona Roja de La Balear. Treto al centro.

Luego en junio, trabajando de pantrista en la Zona Roja del pediátrico La Balear, se necesitaba de él la sensibilidad para comprender que la salud de los niños allí ingresados estaba en las manos del equipo de trabajo al que pertenecía. Por ello de inmediato comprendió que Naomi y Noemí necesitaban del yogur blanco de las noches para poder descansar tranquilas, y que Angeline disfrutaba tomar agua bien fría en cada comida y era crucial tenerla helada para ella. Comenzó a ver los saludos recurrentes de Liz, la huésped más pequeña con sus siete años, como una inyección de fuerzas para no claudicar. Descubrió los secretos de cada paciente para satisfacerlos en la medida de las posibilidades.

Un mes después se precisó de su sentido de la justicia y su firmeza para trabajar, no sin estrés, en los mercados de la Plaza de Marianao, Juventud, y 88 y 51, escaneando carnés de identidad y ayudando a organizar las colas. De este modo contribuyó a garantizar el orden en escenarios muy complejos, propiciando así que cada persona comprara los productos en venta y evitando que algunos lucraran a costa de las necesidades crecidas en estos tiempos.

Pero las responsabilidades asumidas en esos primeros meses de pandemia no iban solas. Como si tuviera el don de ensanchar el tiempo, la tesis de grado también ocupó sus horas. Aunque en el complejo escenario epidemiológico a los estudiantes de una relevante trayectoria docente se les dio la posibilidad de convalidarla, Treto rechazó esa opción y completó el trabajo de diploma. A las horas dedicadas a la tesis se le sumaba el tiempo empleado en el cumplimiento de sus responsabilidades como dirigente de la UJC en la facultad.

Luego de la disminución de los principales indicadores de la pandemia, con un nuevo rebrote de la enfermedad, se requirió del sentido de la responsabilidad de los cujaeños para organizar un sistema de ubicación de los pacientes activos y sospechosos de toda La Habana. Y allá fue Treto, en febrero del 2021, al puesto de mando creado en la Dirección Provincial de Salud, a desvelarse durante veinticuatro horas ‒cada tres días primero y luego cada cuatro‒ en una permanente comunicación con los hospitales para garantizarles las camas a los necesitados. Aquellas primeras jornadas fueron muy tensas, según él mismo recuerda.

Un mes después llegó la fase tres del ensayo clínico de Soberana 02 y nuevamente la responsabilidad se puso a prueba, sobre todo en la etapa inicial, la de aprender haciendo. Siendo coordinador de los cujaeños que trabajaban en el ensayo en el municipio La Lisa, sufrió Treto aquellos titánicos cierres diarios en los seis vacunatorios, cuando todo el trabajo lo tenían que hacer a través del móvil, con una conectividad muy baja. ¡Cómo olvidar la primera jornada en que tuvieron que ir a Marianao a cerrar la información del policlínico Pulido Humarán! Por eso fue grande el alivio cuando a las dos semanas apareció la aplicación por la web y comenzaron a adiestrar a los muchachos.

Terminó el ensayo clínico, faltaba entonces vacunar a los que fueron placebos y a los que recibieron solo dos dosis, y era hora de relevar a los que llevaban semanas trabajando en el ensayo por la CUJAE. Pero ese no fue el caso de Treto, porque se negó a dejar la nueva etapa de Soberana, para llevarla hasta el final, de modo que continuó siendo el coordinador en La Lisa por la universidad.

Y como si no le bastara con tanto aporte en tiempos de dar, como si los esfuerzos y desvelos lo dejaran insatisfecho, desde lo más adentro, desde la más pura esencia, también llegó su entrega. En abril y octubre del año 2020, uno de sus brazos se extendió para donar su sangre a quienes más lo necesitaran.

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Así ha ido Daniel Treto labrando su propio camino, por una senda que no es posible recorrer sin una plena disposición a hacer por los demás, como si Martí le hubiese tallado en el alma que “en una sociedad, el de más condición es el que mejor le sirve”. Y es que en él se conjugan admirablemente talento y entrega. Recibir el día de su graduación de manos del padre el carné de militante del Partido, con solo veinticuatro años, es uno de sus orgullos mayores, de los que le hacen brillar los ojos cuando lo cuenta. Más que un Título de Oro por su promedio docente, Treto lo merece por su actitud ante la vida. Con su ejemplo, el futuro viene a mostrarnos al hombre nuevo.


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