COVID-19: Historias de jóvenes emprendedores (I)

17 de agosto de 2021

Karla Gabriela Quintana Quiñones, de 2do. año de la carrera de Ingeniería Civil en la CUJAE, cuenta sus experiencias como voluntaria en la lucha contra la pandemia en la capital

“Debe hacerse en cada momento lo que en cada momento es necesario” José Martí

Los jóvenes estudiantes de las Universidades cubanas han mostrado con creces el reflejo de su naturaleza revolucionaria frente a la necesidad del país y crecido ante las adversidades para dar respuesta decidida, entusiasta y responsable a los nuevos retos que representa la pandemia de la COVID-19 y en muchas otras labores de impacto social.

Desde el año pasado les correspondió de manera activa ser protagonistas del apoyo a disímiles tareas. Tales testimonios forman parte de la historia más reciente de los estudiantes en las universidades de Ciencias Médicas, la Universidad de La Habana (UH), la Universidad de Ciencias Informáticas (UCI) y la Universidad Tecnológica de la Habana "José Antonio Echeverría" (CUJAE), entre otras instituciones de la enseñanza superior destacadas en las urgencias del quehacer.

La CUJAE, universidad con liderazgo nacional y prestigio internacional en el campo de las ciencias técnicas -cuya misión principal es contribuir al desarrollo de la sociedad cubana con la formación integral de sus educandos-, tiene entre sus trabajadores, profesores y estudiantes muchas de las historias que merecen ser contadas donde la valentía y heroicidad demuestran la disposición al servicio de la sociedad, en la lucha por la vida y el bienestar de todos.

Enseñanzas, vivencias y experiencias personales durante este período, fueron compartidas con Tribuna de la Habana por estudiantes cujaeños, residentes en el habanero municipio de Playa.

Karla Gabriela Quintana Quiñones, de 2do año de la carrera de Ingeniería Civil y Luis Miguel Lagos Xenes, 1er año de Ingeniería Informática, ambos de veinte años de edad, exponen las motivaciones para dar el paso al frente a la primera línea de esta batalla, en calidad de voluntarios, después de la convocatoria lanzada en sus respectivas instituciones y el llamado de la dirección del país a apoyar en diferentes espacios y tareas.

Para Karla, según nos cuenta, todo fue tan inesperado como la pandemia misma. Su primera experiencia fue en el trabajo del Sistema de Atención a la Familia (SAF) de su comunidad en el 2020. “Una labor que considero hasta hoy de las que más aportan, pues está dirigida a poblaciones de riesgo: personas vulnerables, necesitadas de esta asistencia, ancianos, discapacitados...

“Atendía a más de una decena de personas mayores, en días alternos, junto a otro compañero que apoyaba con una moto eléctrica sobre la cual íbamos cargados de bolsos con pozuelos. Era de lo más gratificante poder ayudar directamente a alguien que lo necesitaba, alguien que no podía salir de su casa para evitar el contagio y que sabías que te estaba esperando porque dependía de ti, no se podía fallar cuando hay un abuelo que cuenta contigo. “La cercanía y el vínculo que se logra crear es extremadamente familiar. Muchos vivían solos y el momento del día de conversar con alguien eran esos escasos minutos a contrarreloj y donde solo se nos veía sonreír en la mirada”.

Luego de esta tarea, estuvo dos veces de voluntaria en el Hospital Pediátrico del municipio de San Miguel del Padrón (La Balear). Considera que resultaron dos experiencias completamente distintas, pero en ambas tuvo la oportunidad de compartir con personas maravillosas tanto del sistema de Salud como estudiantes de su universidad.

“Todos ellos llegaron para quedarse, logramos ser una familia”. Tanto en el trabajo de admisión en el servicio del Cuerpo de Guardia como en la limpieza de la Unidad de Cuidados Intensivos (UCI), el trabajo es muy fuerte”, narra Karla y agrega: “Jamás me había enfrentado a nada similar, y además de toda la labor humanitaria que puedas estar haciendo, puedo decir que son momentos donde sale lo mejor de cada uno. Casi ninguno de los voluntarios se limita a realizar el trabajo que le toca, todos hacíamos de todo para que pudiésemos avanzar y que fuese más llevadero todo el proceso en esas condiciones (15 días trabajando seguido en cada rotación).

“Trabajar con niños fue extremadamente conmovedor, pero igualmente difícil y más en las condiciones de desesperación en que se encuentran sus familiares, realmente puede ocurrir de -TODO-, pero jamás me cansaré de decir que la risa de un niño cuando se va de alta es lo mejor del mundo”.

Otra de sus labores fue a finales del año pasado que comenzó a trabajar en el Puesto de Mando municipal, donde su tarea consistió en organizar de manera conjunta con la Mesa Coordinadora Provincial, el traslado de los pacientes positivos y sospechosos del municipio donde radica. Igualmente explica, este trabajo era junto a otros estudiantes y trabajadores de la Salud.

“Implicaba muchos retos, desde la parte organizativa hasta el trato directo con instituciones de Salud y directivos. A veces parecía que el mundo se acababa por la cantidad de casos, la poca disponibilidad de camas en hospitales y centros de aislamiento o problemas con el transporte, pero se salía adelante a como diera lugar, ningún paciente se quedaba desamparado, eso sólo lo sabemos hacer los cubanos”.

En lo que va del presente año, apoyó en algunas ocasiones el trabajo en la Mesa Coordinadora Provincial y luego dos rotaciones más, pero esta vez en la Universidad de las Ciencias Informáticas (UCI) habilitada como centro de aislamiento. En ambas ocasiones trabajando de auxiliar de limpieza en apartamentos de sospechosos y/o positivos.

“Mucho más agresivo que los anteriores trabajos, ya se conocía de la cepa delta del virus y aunque uno se cuide mucho no va a ser suficiente nunca. Una vez más, fue un escenario para aprender y conocer personas maravillosas y hablo de pacientes y compañeros de trabajo… Son de esas cosas que se viven y luego te quedas pensando y sabes que cuando seas viejito vas a contarle a alguien con mucho orgullo de tus experiencias en medio de esta batalla.

“El mayor reto es decirle a tu familia que vas a exponerte a un virus en un hospital o un centro de aislamiento, pero el apoyo jamás me faltó… la expresión de mi mamá todo este tiempo ha sido: es lo que te toca. Mientras que muchas personas hablan de todo este “período COVID” como tiempo perdido, puedo sentirme agradecida por la oportunidad que tuve de ayudar a los que más falta les hacía. Aprendí en año y medio de realidades que en mi burbuja pre-COVID no creía posible, es bueno tener los pies sobre la tierra. Lo volvería a hacer mil veces.

“Solo puedo pedir cooperación para el sistema de salud que con tanto sacrificio día a día entrega el máximo, y ya es demasiado tiempo, todos estamos cansados, unos de estar encerrados y otros de trabajar sin parar y con miles de dificultades contra una enfermedad que parece no acabar”.

Tomado de Tribuna de La Habana.


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