Ganándole terreno a la COVID


9 febrero 2021

 

Por Miguel Alfonso Sandelis

 

La habitación tiene una mesa con una computadora encima, dos sillas, una extensión telefónica y una ventana grande. Es lo suficiente para que Cari y Patricia cumplan su misión en el puesto de mando de la Dirección Municipal de Salud de Marianao. Mientras les caigo a preguntas, entra una llamada desde el piso inferior para informarles de una pareja de sospechosos. Me callo. Patricia anota en un documento Excel; Cari habla con Ginet, quien está en el puesto de mando provincial. Vuelvo con mis preguntas, mientras les traen la merienda. Cari coge el móvil y da un parte a la provincia a través del grupo de

Telegram creado para ello. Abajo espera un chofer con una guagua.

 

Según me cuentan, las seis de la tarde es la hora pico, cuando más casos reportan desde los cuatro policlínicos que tiene el municipio. Después de su parte a provincia, viene la incómoda espera, pues en las casas y en los policlínicos hay contagiados y sospechosos, que deben ser trasladados a un hospital o a un centro de aislamiento. Mientras más rápido se actúe, menos riesgo para los enfermos y menos posibilidad de contagio. Cuando desde la Provincia logran asignarle una cama a cada caso, llaman al puesto de mando municipal y entonces Cari y Patricia le avisan a un chofer para que haga el traslado. Pero no se pueden equivocar, deben ser muy precisas en la información: en el nombre, en la clasificación, en la ubicación; en fin, en cada dato.

 

Así transcurre el día que comienza a las ocho de la mañana y termina a las diez de la noche, para las dos estudiantes de la CUJAE. Cari está en segundo año de Mecánica; Patri, en cuarto de Tele. Ellas conforman uno de los tres dúos de estudiantes que se rotan cada tres días, sin fallar. Todos viven en Marianao; cuando les toca el turno, los recogen temprano en sus casas y los llevan de regreso por la noche. Pero el otro día no apareció el carro para llevar a Mendoza, quien conforma otro dúo y está en cuarto año de Mecánica; eso no puede pasar ahora, que la ciudad cierra de nueve de la noche a cinco de la mañana. La comida está buena y ellas se llenan, pero Mendoza no; él es más comelón. Mañana se incorporará Alejandro Cáceres, de Mecánica cuarto año, al policlínico “Portuondo”, junto a una estudiante del Pedagógico Varona, porque allí hacen mucha falta.

 

La responsabilidad es alta, pero Caridad y Patricia lo saben, por eso no fallan. No se trata de aprobar una prueba para pasar de año. Tampoco de defender los colores de la facultad en los Trece o en el festival de cultura. Se trata de vidas humanas. El empeño que ponen cada día en lo que hacen, es su aporte imprescindible. En otros municipios de la capital y en el puesto de mando provincial se repite la historia de estudiantes cujaeños y de otras universidades, aportando inteligencia y desvelo por ganarle terreno a la COVID en esta batalla por la vida.


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