Crecidas con el tamaño de la misión


18 febrero 2021

Miércoles, 10 de febrero del 2021
Por Miguel Alfonso Sandelis


En Centro Habana, el municipio con la mayor densidad poblacional del país, el gentío se desborda en cada calle. Las colas de estos tiempos, que se extienden espaciosas en otros territorios, allí no caben en las aceras. Tal conglomerado urbano, diariamente atravesado desde Infanta hasta Prado y desde Monte hasta el Malecón por otras de miles de personas provenientes de lugares diferentes, requiere de medidas estrictas para evitar ser terreno fértil de la COVID. Por eso no es causal que hoy sea el municipio con mayor tasa de contagio en la provincia.

En tan compleja coyuntura, llegó un día de finales de enero una estudiante de segundo año de ingeniería Industrial al puesto de mando de la Dirección Municipal de Salud. ¿Su misión?, coordinar el trabajo de los estudiantes universitarios movilizados para el enfrentamiento a la COVID en el territorio y formar parte del equipo que gestiona la asignación de las camas en los hospitales y centros de aislamiento de la ciudad, para los confirmados y sospechosos.

Catherin ‒Cathi para sus más cercanos‒ me explica que los primeros días fueron muy difíciles. Hacían turnos de veinticuatro horas, cada dos días, y trabajaban en un local muy pequeño. El SIUM no daba abasto para trasladar los casos, y su angustia era grande cuando alguno se quedaba pendiente por varias horas.

Me comenta de dos confirmados a los que les dio seguimiento, hasta asegurarse que ya eran trasladados hacia la institución donde una cama esperaba por ellos. En ambos casos los familiares le agradecieron. Recuerda de manera especial a un padre hablándole entre lágrimas. Desde su temprana juventud, esa fue su más sentida recompensa.

“¿Y en tu casa qué decían?”, le pregunté. Ella tiene la suerte de tener cinco estomatólogos en la familia y todos han estado vinculados a tareas de enfrentamiento a la pandemia. Eso facilitó la comprensión desde los primeros momentos.

Ahora el local es más amplio y tienen una computadora y un teléfono a su disposición. Les garantizan una merienda, el almuerzo y la comida y, aunque Centro Habana es pequeño, si hace falta, las llevan de noche a las casas. Con respecto al transporte de los casos, las “gacelas” han contribuido en gran medida a transformar la situación.

Con Cathi de dúo en el turno de trabajo, está Tania, una estudiante que hace poco concluyó el cuarto año en el Instituto Superior de Relaciones Internacionales (ISRI). Tania recientemente terminó un período de trabajo en el centro de aislamiento ubicado en la UCI y, sin perder tiempo, se incorporó al puesto de mando de Salud. Ella es, además, la coordinadora municipal del ISRI para todas las tareas en Centro Habana.

También trabajando en el puesto de mando están Yessica, Reyna, Diana, Thalía y Kamila, todas estudiantes del Fajardo, la Universidad del Deporte. Julio, de Informática en la CUJAE, y Alain, de la facultad de Farmacia y Alimentos en la Universidad de La Habana, completan el equipo. Alejandro Aguirre, también de Informática, trabajó los primeros días, pero de allí partió a cumplir una misión en un centro de aislamiento.

Pero no solo en la Dirección Municipal hay estudiantes ubicados. Laura Elena del Fajardo y Mileiris de Psicología, realizan trabajos de estadística en el policlínico Albarrán, mientras que Julio Gerardo de Comunicación Social, Naomi de Civil, Tania del ISRI y Laura Hun y Enrique Urbano, ambos de Lenguas Extranjeras en el Pedagógico Varona, notifican los PCR negativos a los casos pendientes del policlínico Van Troi.

Vuelvo a la carga con las preguntas a Cathi. “¿Cómo recibes los casos de los policlínicos?” Según me cuenta, en un local del piso inferior de la Dirección Municipal hay varios compañeros de Salud recibiendo la información para pasársela a ella por teléfono. Pero la espera por las llamadas, agota la paciencia de Cathi. Por eso ella baja y sube las escaleras un montón de veces al día. De este modo pierde menos tiempo en tramitar los casos al puesto de mando provincial, donde les dan la ubicación.

Mientras conversamos, la noche hace su aparición y ya es hora de partir, porque después de las nueve no debe haber nadie circulando por las calles, según las orientaciones del Consejo de Defensa Provincial para esta etapa de trasmisión limitada. Parto entonces con Janett, profesora de Industrial, quien vino a visitar a su alumna Catherin. Ambos vamos preocupados, porque todavía hay mucho que organizar en Centro Habana, pero nos reconforta saber la calidad humana que se desborda en aquellas dos jóvenes que han crecido con el tamaño de la misión.


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