Veladores al servicio del pueblo en tiempos de restricciones


18 febrero 2021

Martes, 9 de febrero del 2021
Por Miguel Alfonso Sandelis


Al pasar el próximo de la cola, Camila le pide el carné de identidad y Rolando lo escanea, justo a la entrada del Centro Comercial de Altahabana. Ella de Civil y él de Automática, hoy están de guardia desde las nueve de la mañana hasta las seis de la tarde, que es el horario en el que el mercado está abierto.

Estos dos jóvenes profesores forman parte del equipo de la CUJAE que trabaja en la misión de lucha contra coleros y revendedores en el municipio Boyeros, según me comenta Carlos, que es el coordinador municipal de la tarea y, a su vez, profesor de la facultad de Mecánica. Con ellos en Altahabana también trabaja Ricardo, de Automática. Me sigue diciendo Carlos que en el mercado “La Cordial”, de Santiago de las Vegas, está ubicado Adrián, otro automático, y en el de Fontanar radica Oscar, de Civil. Completan el equipo dos mecánicos: Joyce en el mercado “La Barrena”, de Río Verde, y Jorge en el mercado ubicado frente al Hospital Nacional. Además, hoy se incorporan a la tarea los arquitectos Lázaro Javier y Solange. Aunque todos son profesores, en los próximos días comenzarán a sumarse estudiantes.

Esta mañana en Altahabana hay tranquilidad, pero más tarde entrarán productos y la cola se alargará. Entonces Camila y Rolando tendrán que estar muy atentos para que no les pasen “gato por liebre”. En tiempos de restricciones, ellos son veladores de que los productos puedan ser adquiridos por la población sin que algunos oportunistas los acaparen y los revendan a mayor precio que el establecido por el Estado. Me comenta Camila que también llevan el control de la mercancía que se vende cada día.

Dejo a Camila y a Rolando para que hagan su trabajo, mientras Carlos me muestra en un tablet la base de datos donde controla los productos y los compradores. Cuando un comprador se repite, la base de datos lo señala, no importa el municipio donde se haya efectuado la compra. Una trabajadora de un joven club de Boyeros controla a todos los usuarios del municipio, y este control se repite en cada territorio de la capital. Mientras conversamos, se acerca una persona mayor y nos pregunta por la cola de los “vulnerables”. Carlos le dice que pase, que él tiene prioridad.

Vuelvo a acercarme a Camila y a Rolando en un impase de la cola. “¿Dónde almuerzan?”, les pregunto. Los compañeros del MININT les aseguran el almuerzo en una unidad de policía cercana, pero ambos viven cerca y a veces se rotan para Camila y Rolando revisan y escanean un carné de identidad. ir a la casa. Al preguntarle a Carlos por los demás, me pone el ejemplo de Joyce, a quien su hijo le lleva el almuerzo en bicicleta. Esa es la ventaja de que todos sean de Boyeros.

Pero estos profes jóvenes no están liberados de sus demás responsabilidades. Camila me aclara que está preparándose, ante la posibilidad de que el nuevo curso escolar comience a distancia y que, como todo profesor, continúa investigando. Ella no pudo incorporarse a un centro de aislamiento en el anterior rebrote de la COVID, porque tiene familiares vulnerables, pero ahora vio la posibilidad de dar su aporte y se sumó a esta importante tarea.

Con la satisfacción de ver a mis colegas de la CUJAE a la altura de lo que los tiempos demandan, me retiro del lugar en compañía de Carlos, quien irá a otros mercados a supervisar el trabajo. Pero me asalta una duda. Boyeros tiene muchos más mercados. Una cuadra más adelante, al pasar frente al mercado del servicentro de “Cien y Vento”, se despeja mi preocupación. Allí la cola es controlada por dos profesores de la Universidad del Deporte “Comandante Manuel Fajardo”. Esta tarde conocí a un estudiante de quinto año de Biología en la Universidad de La Habana, haciendo la misma labor en el mercado “Le Select”, de Playa.


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