Tentando a la suerte

26 de febrero 2021

Viernes, 12 de febrero del 2021 Por Miguel Alfonso Sandelis

“Profe, en mi turno de trabajo siempre pasa algo”. Así me dijo Sadé después de saber de una paciente de 98 años, que fue llevada al Hospital “Julio Trigo”, a pesar de tener a su hijo ingresado en el “Salvador Allende”. La nieta llamó desesperada, porque quería que estuvieran juntos. Pero ya la habían calmado. Finalmente, llevaron a la nieta al Julio Trigo para que fuera la acompañante de su abuela.

El primer turno de trabajo de Sadé en el puesto de mando de la Dirección Municipal de Salud de Plaza de la Revolución fue una locura, según me cuenta la estudiante de primer año de Telecomunicaciones. Recién había comenzado a funcionar el puesto de mando y eran muchos los casos a ubicar.

Pero a pesar de su “mala suerte”, noto tranquilidad en el local. Su comunicación con la estomatóloga de la clínica de H y 21, quien está de guardia por el equipo de Salud, es la mejor. Las condiciones de trabajo son buenas. Los estudiantes tienen a su disposición un teléfono fijo y una computadora con acceso a internet, por lo que no tienen que usar datos de sus móviles. La pantalla del monitor muestra el modelo para enviar los casos que llegan de los policlínicos a través de Telegram. En la Dirección Municipal almuerzan y comen.

Sadé quería ir a trabajar a un hospital o a un centro de aislamiento, pero su médico de la familia le sugirió que no lo hiciera. Su abuelo tiene 90 años y su hermano padece de inmunodepresión. Se enteró entonces de esta convocatoria a través del grupo de WhatsApp de la facultad, y allí está la joven, tentando a su “mala suerte”.

Alejandro, también de Tele pero de segundo año, es el coordinador de la tarea. Él me explica que durante las 24 horas del día siempre hay un estudiante en función de informar los casos al puesto de mando provincial, y recibir desde allí la asignación de camas en hospitales y centros de aislamiento. Los turnos son de 12 horas, con cambios a las siete y media de la mañana y a las siete y media de la noche. “¿Y por qué también de madrugada?”, le pregunto. Al principio también llegaban muchos casos en las madrugadas, pero ahora son tranquilas. El horario más “caliente” es entre las siete y las nueve de la noche. En Plaza hay suficientes estudiantes como para montar la guardia las 24 horas. Antes los turnos eran cada tres días, pero a partir de hoy son cada cuatro, porque se sumaron más estudiantes. “¿Los turnos de madrugada solo son para varones?”. “Hay una estudiante que prefiere ese horario, para poder adelantar otras cosas de día”, me responde Alejandro. “¿Cuándo duerme?”, me pregunto.

Pero la responsabilidad de Alejandro no solo se circunscribe al puesto de mando municipal, donde él hace su turno de guardia como uno más. Tiene también estudiantes ubicados en cinco de los siete policlínicos del municipio. Allí el trabajo es más bien estadístico. Cada policlínico tiene acceso a la base de datos nacional donde se registran los resultados de los PCR, y la labor del estudiante es filtrar y organizar en un solo documento digital, los casos pertenecientes al área de salud que atiende el policlínico.

Aunque la CUJAE centra las misiones de Salud, Plaza de la Revolución ofrece un surtido de universidades con estudiantes asumiendo tareas. Los hay de la Universidad de La Habana, del ISRI y del Pedagógico Varona mezclados con los cujaeños, como si sus perfiles de estudio fueran los mismos. Y no faltan los de Ciencias Médicas haciendo las pesquisas diarias.

Ubicación de los estudiantes en el municipio Plaza de la Revolución.

Alejandro es asmático, de los que necesitan tener siempre el nebulizador a mano. Por eso no fue a un hospital o a un centro de aislamiento en la primera etapa, y entonces dio su aporte en el Sistema de Atención a la Familia (SAF). Pero el rebrote de la COVID lo impulsó y estuvo a punto de presentarse, a pesar de la oposición de los padres. Menos mal que llegó esta nueva tarea, para no “tentar también a la suerte” de Alejandro.


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