Uniendo talento y corazón

5 de marzo 2021

Domingo, 21 de febrero del 2021 Por Miguel Alfonso Sandelis

Cuando el mayor rebrote de la pandemia de la COVID-19 azota a La Habana con cifras diarias de varios cientos de casos confirmados y sospechosos, en momentos en que el sistema de Salud se tensa en todos sus niveles de atención en el enfrentamiento a la compleja situación sanitaria, cuando se escalan en la capital las medidas para evitar el contagio, un grupo de jóvenes universitarios cargan sobre sí una de las más altas responsabilidades que han asumido en sus cortas vidas. La gran operatividad de su trabajo y el desvelo con el que se entregan, tal vez no les haga reparar en el enorme peso que llevan sobre sus hombros. Pero en el subconsciente de cada uno, en un lado oculto pero enraizado de la conciencia donde se guarda lo esencial, ellos lo saben. Por eso no fallan.

Mara le dice a Sergio que quite una cama vacante del hospital La Balear para dársela a un paciente del municipio Regla. Sergio lo anota en el Excel. Mara se levanta de su silla y va a la pizarra a descontar la capacidad.

En el quinto piso del edificio donde radica la Dirección Provincial de Salud de La Habana hay un local al que le llaman “Sala Situacional”. Pero aquello, hablando en buen cubano, no es otra cosa que un puesto de mando. Dos computadores, dos pizarras y varios teléfonos son el equipamiento disponible para dirigir la compleja operación.

De toda la ciudad informan permanentemente los casos de confirmados con la COVID-19, clasificados en sintomáticos y asintomáticos. También llegan los casos de sospechosos, catalogados como de alto y bajo riesgo. La misión de los estudiantes y profesores jóvenes de la CUJAE que están movilizados en la Sala Situacional es asignarle una cama a cada caso. Para ello deben monitorear constantemente las capacidades de camas existentes en los quince hospitales y centros de aislamiento destinados en la ciudad para el ingreso de los confirmados y sospechosos a la COVID. Es decir, de sus decisiones depende en gran medida la correcta ubicación y traslado de todos los casos, en una ciudad de más de dos millones de habitantes, asediada por las tenazas de la pandemia.

Sergio recibe una llamada del SIUM para darle las demandas de los hospitales Miguel Enríquez y Fajardo. Son pacientes que ingresaron por varias patologías, pero acaban de ser confirmados con la COVID-19 y hay que trasladarlos hacia un hospital o centro de aislamiento previsto para ello.

Frente a una computadora está Sergio. Cada cuatro horas llama a los hospitales y centros de aislamiento para actualizar las camas disponibles. Tiene a mano un teléfono para comunicarse con el SIUM, pues hay pacientes que requieren ser trasladados en ambulancias. También por la línea llegan pedidos de las provincias Mayabeque y Artemisa, porque sus instituciones no siempre dan abasto para los casos activos y sospechosos, y entonces Sergio les busca las capacidades en los centros de la capital.

Mara y Daniela trabajan con otra computadora y con un teléfono para cada una. Mara atiende a ocho municipios y Daniela a siete. A ellas llegan por Telegram las necesidades de camas de los territorios. Cuando Sergio le asigna la ubicación a cada caso, ellas le comunican a la dirección municipal correspondiente el hospital o centro de aislamiento donde tiene su cama asegurada.

Dos pizarras son actualizadas sistemáticamente. En una se relacionan los 15 hospitales y centros de aislamiento preparados para recibir los casos de confirmados y sospechosos. La otra muestra las demandas de camas de los quince municipios capitalinos.

Danihz borra de la pizarra de los municipios los pocos casos que quedaban pendientes por ubicar, dejando la pizarra en blanco, como mejor se ve. Andrés sale del pantry con una bandejita con café, reparte para todos y después se sienta con Danihz a revisar el completamiento de los demás turnos de trabajo. El doctor Ricardo atiende a la directora municipal de Salud de Habana del Este, que entró a la Sala a averiguar por la ubicación de los casos de su municipio.

La idea comenzó a tomar forma cuando la Dirección Provincial de Salud le solicitó al Consejo de Defensa Provincial un apoyo de la CUJAE. El buen trabajo de los cujaeños en el primer rebrote de la COVID fue el antecedente principal para tal pedido. Con la misión asignada, el Comité de la UJC y el Secretariado de la FEU del centro universitario lanzaron la convocatoria para conformar los puestos de mando municipales y el provincial. El sábado 30 de enero se hizo una reunión con los dispuestos y de inmediato comenzó el trabajo.

Pizarra de los municipios vacía = Cero casos pendientes por ubicar.

Mara recibe dos llamadas. La primera es de la Habana Vieja, para informar de dos sospechosos: una madre con su hijo. La segunda es de una equivocada: “¿Es Radio Metropolitana?”. Daniela recibe por Telegram dos sospechosos de bajo riesgo del municipio Centro Habana.

En la Sala Situacional se trabaja las 24 horas. Temprano en la mañana y entre las siete y las ocho de la noche son los momentos más tensos, porque es cuando más casos llegan. El doctor Abel está al tanto de cada necesidad del puesto de mando, mientras que sus colegas Ricardo y Raúl, se rotan cada día en el trabajo con los estudiantes y profesores.

Los muchachos de la CUJAE han conformado cuatro grupos de trabajo, que se van relevando diariamente. Cada grupo tiene de coordinadores a un representante de la UJC y otro de la FEU, y en total lo integran cinco o seis jóvenes, que trabajan las 24 horas recibiendo casos y asignando camas. Las rotaciones comienzan alrededor de las nueve de la mañana, que es cuando llega el grupo que releva. Allí almuerzan, comen y reciben dos meriendas. Tienen un transporte a su disposición para recogerlos y llevarlos a sus casas, además de posibilitar las visitas a los puestos de mando municipales y los necesarios viajes a la CUJAE, principalmente de Danihz y Andrés, pues sus responsabilidades como Secretario General de la UJC y Presidente de la FEU, respectivamente, no cesan.

Aunque Danihz y Andrés se rotan cada día en la Sala, hoy domingo coincidieron, porque en la propia Dirección Provincial de Salud hicieron una reunión con los máximos dirigentes de sus organizaciones a nivel de facultad. Su tiempo se ha apretado tanto, que tienen que aprovechar cada espacio.

A Ginet y a Diansy no les toca trabajar hoy, pero se quedaron en el puesto de mando después de la reunión de la UJC y la FEU, tal vez porque lo extrañan. Oscar, también dirigente de la UJC, está cogiendo un diez; su misión por estos días es la organización de la tarea de Lucha Contra Coleros. Cari es vicepresidenta de la FEU de Mecánica, pero después de la reunión se sentó junto a Daniela a ayudarla en el intercambio con los municipios. Cari conoce el trabajo porque está al frente del puesto de mando de los cuajeños en la Dirección Municipal de Salud de Marianao. Mara anota en la pizarra, Sergio responde una llamada, Danizh y Andrés conversan. No sé si logro esconder el agrado con que los miro a todos, pues les disfruto esa mezcla de alegría juvenil y madurez. No importa el tamaño de la tarea; en sus manos está segura.

La Universidad Tecnológica de La Habana (CUJAE) tiene la misión de formar ingenieros y arquitectos preparados profesionalmente y comprometidos con la sociedad, y en la necesaria formación integral, las aulas ensanchan su horizonte para extender su alcance a la búsqueda de soluciones a las necesidades sociales. Y es que la universidad es creada por la sociedad para servirse de ella, no como mera institución para cultivar el talento. Ya nos lo dijo Martí: “La inteligencia se ha hecho para servir a la patria”, y eso hacen día a día estos jóvenes universitarios que, en tiempos de pandemia, unen talento y corazón.


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