Con la simpatía prendida en el rostro y la misión cumplida

8 de abril 2021

Jueves, 1ro. de abril del 2021

Por Miguel Alfonso Sandelis

La COVID-19 le ha traído al mundo una crisis económica con secuelas devastadoras. Para los cubanos, las consecuencias de la COVID no vinieron solas. Un presidente norteamericano, enfrascado en hacerles el juego a quienes lucran en Miami con el tema Cuba, arreció el bloqueo a cambio de favores electorales, al atentar contra las principales fuentes de ingresos del país.

Ante tan crítica situación, la distribución equitativa de recursos se convirtió en una necesidad vital para los cubanos. Pero como siempre ocurre en tiempos de crisis, a la par de quienes practican la solidaridad como atributo, emergen los oportunistas que pretenden lucrar con las carencias del pueblo. Para tales individuos, el acaparamiento de productos para su venta a precios especulativos se convirtió en una prioridad.

No obstante, todo mal tiene su antídoto. Un ejército de veladores de los recursos del pueblo se distribuyó por los mercados para ponerles freno a los acaparadores. En ello, las universidades tuvieron su papel, al distribuirse la coordinación en los municipios entre los centros universitarios y convocar a profesores y estudiantes para escanear carnés de identidad en las colas de los mercados, y evitar así, con la ayuda de una base de datos, que los especuladores compraran con frecuencia. No faltaría el apoyo en la organización de las colas donde fuera necesario.

Dunia es una Ingeniera Biomédica, que te contagia con su juventud y simpatía de solo verla. Ubicada en la Vicerrectoría de Extensión Universitaria de la Cujae al graduarse, Dunia recibió una misión urgente y bastante osada: coordinar el trabajo del equipo universitario de Lucha Contra Coleros (LCC) en el municipio Arroyo Naranjo. Ir del Cerro ‒donde vive‒ a Arroyo todos los días, era la primera parte del reto. La segunda, dirigir a un equipo de estudiantes del Fajardo, que tenían como tutora a una Doctora en Ciencias. En fin, que la chiquilla tenía que compaginar con la experimentada Doctora y conducir el proceso, cuando aún no había estudiantes de la Cujae movilizados en el municipio.

Pero Dunia no “come miedo”, al decir en buen cubano. Levantarse antes del amanecer y partir para Arroyo, pasarse el día recorriendo mercados, regresar al Cerro ya de noche y dar un parte por WhatsApp antes de acostarse, se convirtió en una rutina para la muchacha. Sin embargo, nada de rutinario tenía asegurar la preparación de los estudiantes en la tarea del escaneo, distribuir a los cujañeos que se iban incorporando, atender las preocupaciones de los muchachos, asegurarles un carné para que fueran identificados y hasta pasar unos cuantos días escaneando en el mercado de Mantilla, por no tener completo el equipo. Las reuniones en el Gobierno Municipal se convirtieron en un escenario imprescindible para destrabar los rollos que se le presentaban cada semana. Y la muchacha es un gallito de pela, así que había que oírla cuando se “plantaba”.

Por la Cujae en la coordinación, ella no estaba sola. Bárbaro, un profesor del DEDER, se entregó en cuerpo y alma a la tarea, y escaneó también en Mantilla cuando hizo falta. Bárbaro siempre le insistió en tener a varios estudiantes por mercado, para poder rotarlos. Finalmente, profes y estudiantes del Fajardo y la Cujae lograron conformar un buen equipo de trabajo.

De Dunia supe por primera vez a través de un grupo de WhatsApp de la Cujae, creado para coordinar las acciones de LCC. Sus mensajes enviados con el documento en Excel que recogía el parte diario, no iban solos, pues ella los acompañaba con los comentarios más chispeantes y atrevidos de cada noche.

Después la conocí personalmente en los bajos del edificio de Arquitectura. Fue entonces cuando me contó de los dos estudiantes que casi fueron expulsados de la tarea, por culpa suya. Los dos alumnos comenzaron a escanear en el mercado del Capri sin aún recibir el carné que los debía acreditar, pues en esos días Dunia estaba demasiado atareada recorriendo otros mercados. Las quejas sobre un par de muchachos que estaban repartiendo tickets a su antojo en la cola del Capri, la escuchó Dunia en una reunión del Gobierno Municipal, sin imaginar que los acusados eran dos de sus estudiantes. Después todo se aclaró. Sí estaban repartiendo tickets por una mala orientación, pero nada de desorden. Cuando recibieron los carnés, los muchachos siguieron en la misión.

Tras un mes y medio de “zapatear” Arroyo, Dunia regresó a sus labores en la Cujae con la misión cumplida. Aquellas semanas de entrega a una tarea insospechada, las recuerda la joven con intensidad y ‒hasta le adivino‒ con cierto orgullo. Y es que, en aquellas movidas semanas, los que especulan en tiempos difíciles vieron frenados sus desmanes, gracias, en gran medida, a una joven muchacha que lleva la simpatía prendida en el rostro.


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