El regreso de Susana

26 de abril 2021

Viernes, 16 de abril del 2021

Por Miguel Alfonso Sandelis

La disposición de Susana en su vida estudiantil a participar en varios deportes en los Juegos 13 de Marzo, donar sangre sistemáticamente y cumplir diversas tareas de la FEU, fue la misma que la llevó a formar parte del equipo de Lucha Contra Coleros (LCC) en el municipio Boyeros, cuando la dirección de la facultad le propuso la tarea, siendo ella una recién graduada de Arquitectura. Eso fue en el mes de febrero, cuando el rebrote de la pandemia provocaba un ascenso de los contagios diarios y era necesario atender tareas de prioridad como la venta de alimentos en los mercados.

El complicado Centro Comercial de Altahabana, dada la elevada cantidad de personas que van a diario a comprar, fue el destino de Susana en la nueva misión, pero esta vez desde la responsabilidad de una joven profesora. Allí comenzó a escanear los carnés de identidad de los compradores, para evitar que repitieran compras en menos de siete días para acaparar los productos. En la primera semana no faltó un solo día al mercado, pues necesitaba conocer las características de la tarea. Después se sumó a la rotación de dos días de trabajo y uno de descanso.

En ese tiempo conoció la otra cara de la moneda, la de los trabajadores del Centro Comercial que se levantan de madrugada para descongelar el pollo y alistar el mercado para la venta, además de otros rigores del trabajo diario, los mismos que ella antes criticaba desde la posición de compradora, por su aparentemente injustificada demora.

Justo cuando ya dominaba los "gajes del oficio", un suceso inesperado la obligó a dejar la tarea. Su tía y el esposo dieron positivos a la Covid-19 y ella se convirtió en sospechosa de contraer la enfermedad. Sus síntomas de flujo nasal y estornudos concordaban con la positividad de la prueba con antígeno. Solo faltaba el PCR.

El centro de aislamiento ubicado en la Vocacional Lenin recibió a la tía, al esposo y a Susana, y de inmediato los tres recibieron una inyección con interferón para fortalecer sus sistemas inmunológicos. Al resultar positiva la prueba de PCR de la joven, trasladaron al trío una noche para la UCI, donde estaban creadas las condiciones para atender a los pacientes que portaban el virus. Allí comenzó una espera, que solo le duró cinco días a la tía y al esposo, al dar negativos a un nuevo PCR, pero que se alargó para Susana, quien portaba una alta carga viral, al decir del médico que la atendía. Catorce días permaneció Susana en la UCI, aunque ya sin síntomas, justo hasta que una nueva prueba de PCR le dio negativa. En ese tiempo sintió la preocupación de los dirigentes de la facultad, quienes la llamaron sistemáticamente, preocupados por su estado de salud. El 29 de marzo Susana regresó a su casa.

Luego de que la dirección de la facultad le sugiriera cumplir unos días de reposo en casa, a la muchacha se le presentó una disyuntiva, sumarse a una nueva tarea o regresar a LCC. La nueva misión consistía en hacer un diagnóstico en equipo sobre la situación constructiva del hospital Salvador Allende, lo cual iba en la dirección de sus intereses profesionales. Aunque Susana fue un día al hospital, decidió volver a LCC.

Nuestra conversación se desarrolló mientras Susana está a la espera de que llegue el lunes para regresar al trabajo de escaneo en el Centro Comercial de Altahabana. Cuando le pregunté el porqué de la decisión, me respondió en un tono de voz que mezclaba la sencillez con la convicción: "Las tareas de impacto son muy importantes y yo no puedo ganarme el salario sin trabajar".


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