Julio César, de la broma al compromiso

14 de mayo de 2021

Domingo, 25 de abril del 2021

Por Miguel Alfonso Sandelis

Julio César no sabe estar tranquilo. Hablar con él es estar a expensas de que en cualquier momento haga una de las suyas. Si no, pregúntenle a la muchacha del CIGB que se fue llorando para el baño, cuando Julio, disfrazado con escafandra, careta y botas, le dijo que el PCR había dado positivo. Menos mal que Janett no se tragó el cuento y lo descubrió por los ojos, cuando él ya no podía aguantar más la risa.

Pero el mismo bromista de la cuarentena en el hotelito de Centro Habana, fue el que antes estuvo unas semanas trabajando en el Sistema de Atención a la Familia, llevando almuerzos a las casas de los necesitados. De aquella etapa recuerda la gratitud infinita de los beneficiados y de cómo iba estrechando su relación con ellos, al punto de sentirlos como familiares suyos. Por eso le dolió tanto el fallecimiento de dos ancianos a los que les llevaba los alimentos.

También fue el mismo al que Odalys, la decana de Civil, llamó para que trabajara en el Hospital Salvador Allende, antigua Covadonga, porque hacía falta el apoyo de los universitarios. Julio César fue uno de los tres primeros en entrar al hospital, en el primer rebrote de la pandemia.

En la Covadonga, el futuro ingeniero geofísico no solo limpió. Gracias a algunas nociones que tenía, lograron prepararlo para hacer labores de enfermería, y en la sala Valle hizo reportes de epidemiología, tomó la presión y hasta cambió sueros. De aquellas dos semanas, nunca olvidará el poema que les dedicó a cada uno de ellos, en el medio del pasillo de la sala, una anciana de 92 años, sentada en su sillón de ruedas. Aquellos versos él los sintió como suyos.

"Quiera Dios que la ilusión

lo persiga hasta los años

y que nunca un desengaño

marchite su corazón."

Con Julio coincidí en las masivas excursiones hechas por el movimiento de excursionismo de la Cujae al cañón del río Santa Cruz y al salto del río San Claudio. Después lo vi en los Juegos 13 de Marzo, con su energía y carisma, alentando a los de Civil.

Pero su historia de trabajo en los hospitales apenas comenzó en la Covadonga. Con el paso de los meses, el pediátrico de La Balear se convirtió en su segunda casa en los tiempos de pandemia. En junio del 2020 fue su primera rotación en La Balear. Allí trabajó de camillero en el cuerpo de guardia y volvió a realizar labores de enfermería. En medio de un nuevo brote de la pandemia, regresó en agosto a La Balear, y nuevamente lo hizo en septiembre.

Con la disminución de los casos, las solicitudes en los hospitales disminuyeron, pero el rebrote de fin de año volvió a disparar las alarmas y, ya en febrero, Julio estaba nuevamente en La Balear.

Al salir del hospital, como no podía estar tranquilo y sin aportar, se fue al centro de dirección de los cujaeños en la Dirección Provincial de Salud, a contribuir en la ubicación en un hospital o centro de aislamiento, de los casos positivos y sospechosos de toda la capital. Junto a Yariel, de Automática, Julio César es el coordinador de uno de los tres equipos que se rotan por estos días en Salud Provincial. Su última rotación fue bastante tensa pues, a partir de las tres de la tarde, la situación se iba complicando, porque los municipios comenzaron a informar casos y más casos. En el momento más crítico llegó a hablar por teléfono con ocho personas a la vez, pero a las diez de la noche ya estaban "limpios", con la pizarra de los casos pendientes en cero. De esa experiencia le queda la satisfacción de la capacidad de los cujaeños para dar respuesta en situaciones difíciles.

Mientras se rota con su equipo en el centro de dirección provincial, el estudiante de Geofísica recibe, de manera online, clases de Metodología de la Investigación, y en mayo comenzará los cursos de Matemática Numérica y Geometría. De modo que debe alternar los días de rotación con el estudio de las asignaturas, incluyendo el tiempo que le debe dedicar al cumplimiento de las tareas que le asignan los profesores. Cuando estaba en la Balear, sus horas de estudio iban desde las seis de la tarde hasta las 10 o las 11 de la noche. Así podía combinar el cumplimiento de la misión con sus tareas docentes.

En mayo Julio César volverá a La Balear, porque "le sobran ganas de seguir debiéndole tu tiempo a una responsabilidad tan inmensa como es mantener con vida y esperanza a todo un pueblo", según sus propias palabras. Volverán las noches de guardia, las risas y llantos de niños y madres o padres, incluso abuelas. Regresarán el trabajo, el sacrificio, el compromiso y la fuerza. Le reconfortará nuevamente ver la sonrisa de un paciente venciendo esta batalla, tras tener un PCR negativo. Volverá a sentir "como la cosa más linda, a una niña y un niño extendiendo la manito, acompañada de un 'Gracias a ustedes vuelvo a casa', con una sonrisa

que te dejará marcado para siempre". Por ellos, por todos, y por nosotros, Julio afirma que "nunca bajaremos la cabeza y la mirada, nunca nos rendiremos ante los largos días, seguidos de las extensas noches".

Ese Julio César bromista, y también el del sentimiento a flor de piel cuando rememora momentos inolvidables en La Balear, es el mismo que, junto a su novia María Karla y a Sergio, ambos de Tele, cedió su lugar para vacunarse, porque había gente de la población que faltaba por recibir la dosis de Soberana 02.


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