Nueve estudiantes de Mecánica entre Soberana 02, la docencia y la familia

26 de mayo de 2021

Viernes, 7 de mayo del 2021

Por Miguel Alfonso Sandelis

El 21 de marzo, Cathi, la coordinadora por la Cujae del ensayo clínico de Soberana 02 en Centro Habana, me escribió por WhatsApp: "Profe, sus muchachos son muy buenos todos. Estoy súper contenta de tener a los mecánicos en el equipo". Un mes después, exactamente el 24 de abril, volvió a escribirme: "Los muchachos de Mecánica son geniales. Se portan muy bien. Son disciplinados y comprometidos". Con dos comentarios así, además de enorgullecerme, comprendí que en la Facultad debían saber los detalles. Me decidí entonces a escribir.

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Todo comenzó cuando los cubanos nos dimos el alegrón de saber que Soberana 02 iniciaría la fase tres de su ensayo clínico. Seguidamente llegó el pedido a la Universidad de La Habana y a la Cujae para apoyar en la organización y en la captura de datos en los puntos de vacunación. Se lanzó entonces, con premura, la convocatoria a las facultades para captar a los estudiantes. Mecánica debía priorizar la captación en cuatro de los ocho municipios que participarían en el ensayo (Marianao, Playa, Centro Habana y la Habana Vieja) y citarlos para dos seminarios que se realizarían en el teatro del edificio Varona de la Universidad de La Habana.

Con los principales dirigentes capitalinos de la UJC y la FEU de la Facultad "metidos hasta el cuello" en las tareas priorizadas por aquel entonces, comencé a convocar a estudiantes, teléfono en mano. Pero el tiempo era poco y solo Juan Adián, de segundo año, pudo participar en uno de los seminarios. Su disposición fue inmediata: "Si es para ayudar a los demás, no voy a negarme".

En los seminarios conocimos los detalles de la tarea. Los de la UH tendrían la misión de asegurar, junto con el personal de salud, que todo estuviera listo cada día en los 48 puntos de vacunación destinados para realizar el ensayo. Lo cujañeos, en dos puestos de trabajo, capturarían en cada punto de vacunación, los datos de todas las personas que se convertirían en sujetos del ensayo. A punto de comenzar la fase tres, Centro Habana no estaba completa y se les pidió a las facultades reforzar la movilización. Se intensificó entonces la labor de convocatoria para ese municipio.

Con Lester, de tercer año, compartí en el ascenso al Pan de Guajaibón que hicimos con el Movimiento Cubano de Excursionismo en mayo del 2019. El "Chino", como le dicen, desde el primer momento me pareció un muchacho muy responsable, pero la cosa por su casa no estaba fácil. Su barrio en el consejo popular Los Sitios andaba en cuarentena y tuve que hablar con Cathi para que lo ubicara en un punto al que pudiera acceder. Pero Lester hacía rato estaba con la inquietud de no haber participado en las tareas, y esta era su oportunidad.

Andy, de segundo año, lo tuvo que pensar, porque Centro Habana era el municipio con mayor contagio en el país por esos días. Pero su convicción de que el trabajo "era para la sociedad", fue determinante para que se presentara en el policlínico Manduley. "Hay que tener máxima disposición; yo soy así", me dijo días después.

Para Luis Orlando, estudiante de cuarto año y responsable de Cultura por la FEU de la Facultad, la tarea era un gran reto. "Cacheto", como le dicen sus amigos, estaba dando clases de Física en una secundaria básica, como parte de la tarea "Educando por amor". Pero Luis Orlando daría también su aporte en Soberana, al menos un día a la semana.

Luis Enrique también está en cuarto año. Él vive cerca del policlínico Van Troi, donde la trasmisión era alta. Pero desde que supo de la tarea, se dio cuenta de su importancia. "Nunca había estado en un ensayo clínico".

A Susana le preocupan sus padres, por ser vulnerables, pero también comprende que la vacuna será para ellos, y para toda la sociedad. Aunque vive en la Habana Vieja, Susi dio su disposición para ir a trabajar a un punto de vacunación de Centro Habana, porque allí hacía más falta. Ella y Lester suelen estudiar juntos, porque son compañeros de aula en el grupo 33.

Carlos Alberto, de segundo año, vive aún más lejos. Pero ante la urgencia en Centro Habana, no lo dudó ni un segundo, aunque tuviera que trasladarse desde Diez de Octubre hasta San Lázaro, para trabajar en un punto de vacunación del policlínico Manduley. Con el P-6 resolvería.

Keyler y Andy son muy buenos amigos. Cuando Andy le comentó a Keyler en la tarea en la que estaba, este no lo pensó y se dispuso a participar, aunque tuviera que moverse cada día desde Luyanó hasta Centro Habana. "Lo hago para ayudar".

A Daniel, de segundo año, Cathi no lo incluyó en el grupo de los que estaban ubicados en Centro Habana, sino en el puesto de mando provincial, a pesar de haber sido convocado inicialmente para trabajar en el municipio. Después de hablar con él, comprendí la importancia de su tarea. El puesto de mando de Daniel era el de la Facultad de Ciencias Médicas "Victoria de Girón", donde radican los compañeros del Instituto Finlay que dirigen el ensayo clínico en toda La Habana.

Estos eran los mecánicos de los que me habló Cathi con elogios. De ellos fui conociendo cada vez más, en la cotidianidad de sus labores y en el enfrentamiento al gran reto del reinicio del curso escolar de manera no presencial.

Lester y Susana se convirtieron en mis alumnos de la asignatura Economía, siendo de los que entregan las tareas entre los primeros, y también de los que más preguntan. El tiempo que ambos le han dedicado al ensayo clínico no ha sido una limitante para obtener buenos resultados docentes, aunque la asignatura Matemática Numérica los ha apretado un poco. Los dos fueron ubicados en el centro de vacunación de la escuela de música "Amadeo Roldán", por la avenida Belascoaín. Allí trabajan dos o tres días a la semana, según la rotación.

Lester me cuenta que "los que se vacunan son súper 'chéveres', muy entretenidos en la hora de espera, y dan bastante 'chucho' ". También me dice con satisfacción que su abuela se fue a vacunar, y otras amistades y vecinos, también.

Susana hizo un gran aporte a la tarea: sumó con ella a su novio, que es de Biomédica. A Susi le llama la atención la gente que va, unos felices y otros que no quieren. Recuerda a una muchacha nerviosa, que fue al baño y se escapó por miedo. "Pero yo sí quiero vacunarme, si es solo un pinchacito. Estoy en la tarea porque hace falta. Me preocupan mis padres, pero me di cuenta que no es un trabajo peligroso". Susana sonríe para decirme que "la doctora del punto de vacunación se mete con los muchachos que van a vacunarse. Les dice que les toca una jaba de pollo". Pero ella lo hace para propiciar el mejor ánimo entre los que participan en el ensayo como sujetos.

Los de segundo año están dando Cálculo, lo cual no es poco reto. También tienen Inglés, con la entrega de varias tareas. Juan Adián, quien ya había estado de misión en el pediátrico de "La Balear", ha tenido que trabajar hasta cuatro días a la semana, lo cual es complicado para llevar la docencia. En una ocasión me pidió ayuda para aplazarle en una semana, una prueba de Cálculo, porque le coincidía con los días en el punto de vacunación. Sobre la labor en el ensayo clínico, me cuenta que hay que trabajar con agilidad, aunque a veces el trabajo llega a ser monótono. También me dice que hay personas que van muy bien a vacunarse, pero otras son más escépticas.

Andy ya ha entregado tres actividades del Proyecto de Ingeniería Mecánica, pero me pidió aplazar la entrega de una tarea de Inglés, por coincidirle con días de intenso trabajo. Él es el coordinador de los cujaeños en el punto de vacunación del policlínico Manduley y, además, los días de trabajo los termina con la vista cansada. Para la atención a las particularidades docentes de los estudiantes de segundo, Carlos Rafael, el jefe de año, ha sido clave, gracias a su gran sensibilidad por los estudiantes que están en las tareas y a su buena comunicación con los profesores.

A Keyler le llamaba la atención que muchos vacunados decían que lo suyo era placebo, y a Carlos Alberto, el desespero de algunos por tener que pasar una hora en el punto después de la inyección; por eso ve muy importante la atención a cada uno de los que se vacunan. Carlos ya hizo el parcial de Cálculo y salió bien; de Inglés, ya aprobó la evaluación final. Daniel también anda bien en las asignaturas. A él lo recogen en su casa en Centro Habana para llevarlo hasta "Victoria de Girón", aunque cuando ha sido necesario, se ha ido en guagua.

Luis Enrique valora que todo el personal que trabaja en el ensayo clínico le pone rigor a lo que hace, y que el ambiente entre los cujaeños es muy bueno. Cree que "la gente que va a vacunarse, no es tan quisquillosa, aunque siempre hay que rectificarles algunas cosas. Una vez una paciente dijo que le iban a inyectar el placebo y le tuve que explicar". Sobre el reto de la docencia, me afirma que, "aunque ya empezaron las clases, no dudé en seguir en esto, porque me doy cuenta de la importancia que tiene".

Por su parte, Luis Orlando me dice que lo tienen de relevo cuando alguien falta, porque le lleva mucho tiempo darles clases de Física a tres grupos de octavo grado. No obstante, suele trabajar en el punto de vacunación una vez por semana. De la experiencia allí, me cuenta que hay gente que va con buena cara, y otros no. En el trabajo le ha sido muy fructífero compartir con los doctores y con los estudiantes de medicina.

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Así transcurren estos días para nueve estudiantes de Mecánica que, a la par de sus deberes docentes y las responsabilidades que reclaman las familias en estos tiempos difíciles, asumieron misiones que tributan a la sociedad entera. Así van construyendo, ladrillo a ladrillo, el sólido muro que le cerrará definitivamente el paso a una costosa pandemia, en una intensa lucha por la vida. Como ellos, otros mecánicos en varios municipios capitalinos, y otros cientos de estudiantes y jóvenes profesores de diversas facultades y universidades, ponen su empeño por todos. Y un probable día de septiembre, cuando vuelvan a abrirse las aulas a las clases presenciales, entre todos los que cumplieron, habrá nueve estudiantes de Mecánica sentados, que a la par de la sencillez con la que se entregaron, les anegará también el orgullo de ser jóvenes a la altura de su tiempo. Para ellos, el justo homenaje.


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