Una ganadora indiscutible

2 de junio de 2021

Jueves, 27 de mayo del 2021

Por Miguel Alfonso Sandelis

La rivalidad entre facultades es algo inherente a los cujaeños. Aunque en los Juegos 13 de Marzo alcanza su mayor nivel, esta se puede dar en tan variados espacios como la Gala del Festival de Cultura, el Bastión Universitario, una conversación entre estudiantes en el pasillo central y hasta en la primera parada del P-9. El escenario en el que hoy se produjo, fue de los más insospechados: la posta médica de la Cujae. El motivo: una nueva jornada de donaciones de sangre en momentos tan necesarios para el país.

Cuando entré al salón, vi a Mar sentada a la espera de que le tomaran la presión y la pesaran. Ella, automática apasionada, y yo, mecánico a todas, nada más de vernos, comenzamos a disputarnos qué facultad traería más gente. Rainer, su novio, sumaba para Automática. El 'profe' Fumero, por allá, lo hacía también para Mecánica.

Al extender la mirada, vi a algunos otros conocidos, entre varios estudiantes que estaban a la espera. Saludé a Maikel, el Director del DEDER, y a Pomares, profesor de Eléctrica. Sentado a punto de entrar estaba Juan José, de Tele, y también José Aníbal, de Mecánica primer año, quien se enteró de la convocatoria por un grupo de WhatsApp y allí estaba para aportar, cuando aún no se había sentado por primera vez en un aula cujaeña. Rueda, el vicerrector, había donado de primero.

Como en la ocasión anterior, los donantes se acostaban en tres camas para extenderles sus brazos a las expertas enfermeras. Por acá, Rosangela los pasaba y Ernesto les daba la merienda a los que terminaban.

Así transcurría esta mañana en tiempos de COVID, matizada por las "ráfagas" que nos lanzábamos Mar y yo, en una singular competencia por ver qué facultad traería más donantes. Cuando Mar terminó de donar, nos tiramos los últimos "golpes". Casi al salir, vi la insatisfacción pintada en los rostros de Rainer y Randy Torres (un mecánico de cuarto año), por no poder donar debido a que tenían la presión alta. No obstante, 26 brazos extendidos aportaron su sangre para los tantos combates que libra nuestro sistema de salud en estos tiempos difíciles.

Cuando me despedí de Mar, a ella ya no le cabía ninguna duda sobre quién había ganado en nuestro singular debate: La Vida.


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