168 aniversario del Natalicio de José Martí


27 enero 2021

Escrito por: Javier Domínguez.


El próximo 28 de enero se conmemora el 168 aniversario del natalicio de José Martí. La Cátedra Martiana de la Cujae tenía el propósito de realizar un grupo de actividades, pero la situación epidemiológica actual nos impide materializar el plan concebido. No obstante, este relevante acontecimiento no podía pasar inadvertido para nuestros trabajadores y estudiantes.

Este sencillo texto es un intento para recordar y hacer meditar a quienes lo lean, sobre la portentosa personalidad de José Martí y su ejemplar vida.

Grande en la vida y en la muerte, heroico en el aspirar y en el actuar, así fue Martí. Hoy, a nuestros ojos, su vida nos parece hecha de un solo bloque de indestructible granito. Martí fue un hombre tipo. Uno, por la fijeza de su idea, uno, por la firmeza de su carácter. Todo lo sacrificó por esa idea, que no era otra que la redención de un pueblo. Esa entrega total a la causa de su amada Patria, fue lo que hizo a Gonzalo de Quesada y Aróstegui a llamarle por primera vez Apóstol, en un acto conmemorativo del 10 de octubre, celebrado en 1889 en Hardman Hall, Estados Unidos.

De él dijo Máximo Gómez: "La verdad sea dicha: yo no he conocido otro igual en más de treinta años que me encuentro al lado de los cubanos en su lucha por la independencia de la Patria. Martí fue cariñosamente admirado en la tribuna, donde flageló siempre a la tiranía y se hizo amar del pueblo cuyos derechos defendía con tesón incansable".

Es ocasión propicia esta para recordar algunos preceptos martianos que han sido piedra angular sobre los que ha descansado la obra de la Revolución Cubana.

Él nos dice: "He aquí las fuerzas que nos hacen vivir: la dignidad, la libertad y el valor".

Decía el gran poeta Manuel Navarro Luna, “Quien no vea los sueños de Martí realizados en su tierra será porque está ciego. Quien no oiga su voz, como cruce de comprobaciones recias y obstinadas, será porque está sordo. Y esta Revolución no es de ojos ciegos ni de oídos sordos".

"Las revoluciones son estériles cuando no se firman con la pluma en las escuelas y con el arado en el surco". "Hasta que los obreros no sean cultos no serán felices". "La ignorancia mata a los pueblos y es preciso matar a la ignorancia". "Mientras haya un antro no hay derecho al sol". "Divorciar al hombre de la tierra es un atentado monstruoso". "Es preferible el bien de muchos a la opulencia de pocos". "Un pueblo instruido será siempre fuerte y libre".

Y si hoy los sueños de Martí son realidad en nuestra Patria, ¿a qué se debe? Se debe sencillamente, a que un hombre llamado Fidel Castro, en quien convergieron, el heroísmo y la genialidad —dos fuegos tan difíciles de juntarse— discípulo esclarecido de José Martí, y muy metido en las entrañas de este, quiso realizar los grandes sueños de su maestro a quién llamó el autor intelectual del ataque al Cuartel Moncada. Y, para realizarlo lideró la Revolución Cubana: El mejor monumento a la memoria del Apóstol de nuestras ideas libertarias y humanistas.

“Mi gusto está en el deber, y en cumplirlo sin fatiga y sin ira “. Este 28 de enero lo celebramos en batalla. Nuestros estudiantes sumergidos en las tareas del heroísmo y el humanismo de hoy hacen realidad esta máxima martiana:

Nos place sobremanera anexar este poema escrito por Jesús Orta Ruiz, el Indio Naborí, que refleja de forma bella y diáfana, la manera en que Martí era visto en la seudorepública y su presencia viva en la obra de la Revolución.

“Algo más que piedra”- (Mensaje de Martí a la Cuba nueva).

¡Ya yo estaba cansado! Cansado de ser piedra, piedra inmóvil y muda, con el índice muerto. Nada más que un adorno de avenidas y parques, un silencio de piedra.

¡Nada más que un silencio!

Cuando a mis pies de piedra se quedaba dormido un niño peregrino, descalzo y harapiento, yo sufría. Mis brazos inmóviles, de piedra, porque en la pétrea boca me florecía un beso ¡y mis brazos de piedra no podían moverse para alzar a mis labios el ángel macilento!

¡Ya yo estaba cansado! Cansado de ser piedra, piedra inmóvil y muda, con el índice muerto. Por un poco de lana y un pedazo de pan bien hubiera cambiado mi mayor monumento.

¡Ya yo estaba cansado! Cansado de mi nombre, cansado de mi nombre convertido en anzuelo, cansado de mi nombre, manoseado estribillo de loros que chillaban por mayo y por enero. ¡Cansado de mi nombre! ¡Asqueado de mi nombre en labios embusteros! ¡Cansado de las flores con espinas al pie del monumento!¡Cansado de escritores con luz en las palabras y sombras en los hechos!

Me dolía ser piedra, ser piedra solamente. Inmóviles los brazos, en la boca el silencio. Me dolía la muerte de ser un nombre propio porque mi vida es verbo. Por eso fui a tocar los corazones como quien busca notas por un piano muerto y encontré teclas vivas, que vibraron al roce de mis dedos.

Encendí las hogueras del joven heroísmo, mostré a la juventud lo fúlgido, lo bello del rostro de la muerte; visité los presidios alumbrando de estrellas la noche de los presos; medité en otras playas mirando hacia las costas de Cuba, y encendiendo la luz para el destierro; atravesé las aguas sobre un pequeño barco quemando con el Himno y las banderas del viento; desembarqué en la Patria, le di un beso en frente y fui montaña arriba, claramente resuelto; desafié los peligros dos años treinta días bajo un rayo constante y un continuado trueno; fui manigua también por las espesas barbas y el desbordado pelo.

Pero al fin, victorioso, bajé del lomerío a realizar mi sueño, mi sueño interrumpido y olvidado por los que me siguieron. Y ya soy algo más que piedra. Estoy vivo y haciendo. Ahora no soy un simple nombre propio tomado como anzuelo. Ni tienen que decir el nombre mío. Ya mi nombre es un verbo. Mirad para la estatua, mirad para la estatua ¡y me veréis sonriendo!


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